Apocalipsis de nuestro tiempo (Apocalypse of Our Time)

Ishtar Yasin’s film about the work of the Chilean painter Julio Escámez.

Film de Ishtar Yasin sobre la obra del pinto chileno Julio Escámez.

(English below)

Una película tan extraordinaria y atrevida como su tema, las pinturas de Julio Escámez. Ambas son la expresión de una visión épica. Filmada en su estudio en Costa Rica donde ha vivido desde que se exilió de Chile, no hay palabras que nos digan lo que vemos ni en la música ni en la pantalla, excepto por el título, Apocalipsis de nuestro tiempo. Cuerpos que caen en el espacio. Rostros angustiados. Una lluvia de monedas. Formas de la locura. Barullo. Gente huyendo. Paisajes urbanos nocturnos con helicópteros. Estructuras extrañas como salidas de una película de ciencia ficción de los años 30. Gestos de manos. Las poses llamativas de los ricos. Un camarero con el rostro de Charles Chaplin. El Gordo y el Flaco. Niños jugando. Es solo hasta el final cuando vemos el estudio y el pintor en un acto contemplativo frente a su obra.

Todo esto va acompañado de una única pieza musical de 27 minutos, “Noche Transfigurada” para cuerdas de Schoenberg. Es una pieza del romanticismo tardío que surgió del sufrimiento personal del compositor; aquí transciende la individualidad para volverse la expresión perfecta de la sensibilidad de las imágenes de Escámez. La música avanza y retrocede. En algunos pasajes sirve de comentario, en otras de forma lenta abraza figuras dispares en un sentido de ánimo común. Algunas secuencias, donde la música agitada funciona como narración para unos cortes rápidos, son como una novela gráfica en su mejor expresión—no hay necesidad de palabras para saber lo que pasa. El movimiento de la cámara a lo largo de las pinturas, y el encuadre de los acercamientos que destacan los detalles, son ejemplares, pero las pinturas se prestan para este tratamiento, que transforma una serie de grandes lienzos en una única y aparentemente continua épica.

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A film as extraordinary and bold as its subject, the paintings of Julio Escámez, both of them the expression of an epic vision. Filmed in his studio in Costa Rica where he has lived since being exiled from his native Chile, there are no words here to tell us what we’re looking at, either on the soundtrack or on screen, except the title, Apocalipsis de nuestro tiempo, several minutes in. Bodies falling through space. Anguished faces. A rain of coins. Forms of madness. Turmoil. People fleeing. Urban nightscapes with helicopters. Strange structures that look like 1930s science fiction movies. Hands gesturing. The rich striking poses. A waiter with the face of Charles Chaplin. Laurel and Hardy. Children playing. Only at the end do we see the studio and the painter standing in front of his work in contemplation.

All this is set to a single 27-minute piece of music, Schoenberg’s ‘Transfigured Night’ for strings. A late Romantic work born of the composer’s personal anguish, here it transcends individuality to become the perfect expression of the sentience of Escámez’s imagery. The music advances and recedes. In some passages it works like commentary, in others it quietly envelopes disparate figures in a common mood. Some sequences, where agitated music functions as narration for quick cutting, are like a graphic novel at its purest—no need for words to know what’s happening. The movement of the camera across the paintings, and the framing of the close-ups which pick out the details, are exemplary, but the paintings lend themselves to this treatment, which transforms a series of large canvases into a single, seamlessly continuous epic.

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